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A los que no se conforman con mirar

Julian Maldonado21 September 2026
A los que no se conforman con mirar

Si me preguntan por qué saco fotos, la verdad es que no tengo una respuesta armada. Es una incógnita que voy descubriendo y armando todos los días. A veces siento que no disparo para registrar lo que tengo enfrente, sino como una excusa para conocerme a mí mismo a través del visor.

Tampoco me considero fotógrafo, ni recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que levanté una cámara con verdadera intención. Solo sé que desde hace muchos años elijo relacionarme con el mundo a través del acto de detenerme a mirar.

Hoy mi ecosistema visual es casi exclusivamente analógico. Todo empezó entre el encierro y la incertidumbre del 2020 y 2021, cuando mi primer cámara analógica, una Olympus Stylus Zoom 70, heredada de mi abuela. En ese momento no tenía la menor idea del viaje sin retorno en el que me estaba metiendo. Me acuerdo de volver caminando a mi casa, esquivando pagar el boleto del colectivo para que la plata me alcanzara para mi primer rollo: un Kodak Ultramax 400 de 24 exposiciones. Lo quemé entero en esa misma semana, disparando con mis amigos, guiado por la pura ansiedad.

Al día siguiente lo dejé a revelar y tuve que esperar un mes entero para ver el resultado. Un mes de no saber qué había capturado hasta que llegaron las imágenes, tanto por mail como en el papel físico, como se hacía antes. Ver esas fotos por primera vez fue una revelación. Pese a no entender nada de la química ni de la luz, ahí supe que había cruzado una puerta. Esa Olympus aguantó mis primeros quince rollos, viendo pasar rollos como el Kodak Ultramax 400, Kodak Color Plus 200 y Kodak Pro Image 100.

Pero el punto de quiebre real vino después. Como recompensa personal por haber aprobado el ingreso a la UTN, me autorregalé mi primera cámara réflex: una Pentax Spotmatic calzada con un lente Mamiya-Sektor 28mm f/2.8. Esa cámara de metal y mecánica pura se convirtió en mi favorita indiscutida. No es solo un instrumento; es la cámara que fue testigo directo de mi evolución. Con ella perdí el miedo a las largas exposiciones y empecé a experimentar con todo lo que se le podía cargar: rollos de blanco y negro, película de cine, emulsiones vencidas. Me empujó a recorrer distintos laboratorios de Buenos Aires, a entender los procesos de revelado y a distinguir la textura de los diferentes escáneres.

Esa necesidad de registrar se volvió un hábito innegociable. Ya hace más de tres años que tomé una decisión casi sin darme cuenta: todos los días llevo una cámara analógica encima. Hoy, mi caballito de batalla para el día a día es una Olympus Trip 35. Suelo llevarla cargada con un rollo de Ilford HP5; es mi ancla con la calle, la herramienta perfecta para capturar el contraste de la ciudad sin pensar demasiado, dejándome llevar por el instinto.

En el medio de toda esa fricción solitaria con la luz, me crucé con Data Analógica, una comunidad increíble de gente que respira esta misma pasión. Gracias a ellos aprendí que la fotografía analógica es un lenguaje que se expande cuando se comparte, y de quienes sigo absorbiendo conocimiento todos los días.

Miro para atrás y entiendo que la fotografía, el regalo de mi abuela y esa primera réflex de metal me cambiaron la vida. Me enseñaron a frenar y a valorar la textura de lo imperfecto. No suelo compartir la mayoría de las fotos que saco, porque muchas nacen y mueren en la intimidad de ese proceso. Pero las pocas que decido dejar salir a respirar, las voy guardando en mi propio archivo en analog.julimaldonado.com.

Por eso, en este Día del Fotógrafo, si estás leyendo esto y tenés la costumbre de llevar una cámara encima, quiero agradecerte. Si alguna vez nos cruzamos y me conociste como persona a través de este medio, te deseo un muy feliz día. Gracias por ser parte de esa tribu que no se conforma solo con mirar el mundo con sus propios ojos, sino que se anima a capturar el instante. Gracias por no querer ser el único testigo de lo que pasa, y por elegir compartirlo de una forma tan hermosa, humana y artística.

A los que no se conforman con mirar | Julian Maldonado